ENTRENAMIENTO – CONTROL

No todo está en tus manos.

Aprende a distinguir qué depende de ti y deja de gastar energía intentando controlar lo demás.

Este entrenamiento no busca  que dejes de preocuparte de golpe. Busca que aprendas a reconocer dónde puedes actuar y dónde solo estás desgastándote.

1. Antes de actuar, identifica qué estás intentando controlar

Piensa en una situación concreta que te esté preocupando, enfadando o generando tensión ahora mismo.

No pienses en el problema en general. Elige una sola situación.

Escríbela en una frase:

«Ahora mismo estoy intentando que…»

Ejemplos:

  • «…una persona cambie de opinión.»
  • «…algo salga exactamente como espero.»
  • «…alguien actúe como yo considero que debería actuar.»
  • «…no ocurra algo que temo.»

2. Separa lo que depende de ti de lo que no

Vuelve a la situación que acabas de escribir.

Ahora divídela en dos partes:

DEPENDE DE MÍ

Mis decisiones.
Lo que digo.
Lo que hago.
Cómo respondo.
Dónde pongo mis límites.
En qué decido emplear mi atención y mi energía.

NO DEPENDE DE MÍ

Lo que otra persona piensa.
Lo que otra persona siente.
Lo que otra persona decide hacer.
Lo que ya ha ocurrido.
El resultado exacto de mis acciones.
Que las cosas salgan como yo esperaba.

Ahora hazte una pregunta:

¿Estoy intentando actuar sobre lo que depende de mí o conseguir que cambie algo que no depende de mí?

3. Devuelve tu energía a donde sí tienes poder.

Mira todo lo que has colocado mentalmente en «No depende de mí».

No necesitas solucionarlo. Tampoco necesitas conseguir que te guste, que te parezca justo o dejar de sentir lo que sientes.

Solo necesitas dejar de tratarlo como si estuviera bajo tu control.

Ahora vuelve a lo que sí depende de ti y pregúntate:

¿Qué puedo hacer yo, hoy, ante esta situación?

Puede ser actuar.
Puede ser hablar.
Puede ser poner un límite.
Puede ser esperar.
Puede ser aceptar que todavía no sabes qué hacer.
Y también puede ser no hacer nada.

Elige una sola acción que dependa completamente de ti.

El ejercicio de hoy.

No intentes resolver toda tu vida. Entrena una sola situación.

Elige algo que te esté preocupando, enfadando o generando tensión ahora mismo y haz el ejercicio.

Cuando termines, quédate con una sola acción que dependa completamente de ti.

«Tienes poder sobre tu mente, no sobre los acontecimientos externos. Compréndelo y encontrarás la fuerza.»

Describe una situación concreta, no el problema en general.
Escribe solamente aquello sobre lo que puedes decidir o actuar.
Escribe aquello que pertenece a otras personas, al resultado o a circunstancias que no puedes decidir.
Elige una sola acción concreta que puedas hacer tú, aunque no cambie lo que hagan los demás ni te garantice el resultado.