ENTRENAMIENTO – LÍMITES
Pon un límite donde realmente depende de ti.
Aprende a distinguir entre poner un límite y tratar de controlar la reacción de otra persona.
En este ejercicio vas a trabajar con una situación real para decidir qué no estás dispuesto a seguir aceptando, cómo comunicarlo y qué harás tú si el límite no se respeta.
1. Identifica el límite que necesitas poner.
Piensa en una situación concreta en la que estés aceptando algo que no quieres seguir aceptando.
No pienses todavía en cómo reaccionará la otra persona. Primero céntrate únicamente en ti.
Completa esta frase:
«No quiero seguir aceptando que…»
Ejemplos:
- «…me hablen de esa manera.»
- «…me pidan algo y decir que sí cuando quiero decir que no.»
- «…se repita esta situación.»
- «…asumir una responsabilidad que no me corresponde.»
2. Decide qué depende de ti.
Vuelve a la situación que acabas de escribir.
Ahora separa dos cosas:
DEPENDE DE TI
- Decidir qué estás dispuesto a aceptar y qué no.
- Expresar lo que necesitas con claridad.
- Elegir cómo decirlo.
- Decidir qué harás si la situación continúa.
- Mantener el límite que has decidido.
NO DEPENDE DE TI
- Que la otra persona lo entienda.
- Que esté de acuerdo.
- Que se enfade o no.
- Que piense bien de ti.
- Que cambie su comportamiento.
Tu límite está en lo que decides y haces tú, no en conseguir una determinada reacción de la otra persona.
3. Convierte lo que necesitas en un límite concreto.
Vuelve a lo que escribiste en el primer paso.
Ahora pregúntate:
¿Qué voy a hacer yo ante esta situación?
Recuerda: un límite no consiste en decidir lo que debe hacer la otra persona, sino en decidir cómo vas a actuar tú.
En lugar de:
«Tienes que dejar de hablarme así.»
Podría ser:
«Si seguimos hablando de esta manera, voy a terminar la conversación.»
En lugar de:
«No puedes seguir pidiéndome esto.»
Podría ser:
«La próxima vez que me lo pidas, voy a decir que no.»
Escribe ahora tu límite en una frase:
«Si ocurre __________, yo voy a __________.»
4. Decide qué reacción estás dispuesto a dejar de controlar.
Has decidido qué límite quieres poner y qué harás tú.
Ahora piensa en la otra parte:
¿Qué temes que ocurra cuando pongas ese límite?
Puede ser que la otra persona:
- Se enfade.
- Se decepcione.
- Te critique.
- Piense que eres egoísta.
- No esté de acuerdo.
- Intente hacerte cambiar de opinión.
No tienes que conseguir que ninguna de esas cosas desaparezca antes de poner tu límite.
Completa esta frase:
«Aunque la otra persona __________, yo mantendré mi decisión de __________.»
El ejercicio de hoy.
No intentes resolver toda la relación. Trabaja un solo límite.
Elige una situación real en la que estés aceptando algo que no quieres seguir aceptando.
Vas a definir qué necesitas, qué depende de ti y cómo vas a actuar si el límite no se respeta.
Y recuerda:
Tu responsabilidad es cuidar cómo lo dices y cómo actúas, no controlar cómo se lo toma la otra persona.