ENTRENAMIENTO – RUMIACIÓN
Deja de intentar resolver con pensamientos lo que no puedes resolver pensando.
Aprende a distinguir cuándo pensar te está ayudando y cuándo simplemente estás dando vueltas al mismo problema.
En este ejercicio vas a trabajar con una situación concreta que ocupa tu mente para descubrir si existe alguna acción que dependa de ti y, si no la hay, aprender a dejar de intentar resolverla mentalmente.
1. Identifica el pensamiento al que estás dando vueltas
Piensa en algo que vuelve una y otra vez a tu cabeza.
Puede ser algo que ocurrió, una conversación, una decisión, algo que podría pasar o una situación que intentas comprender o resolver mentalmente.
No intentes solucionarlo todavía. Primero identifica qué estás intentando resolver pensando.
Escríbelo en una frase:
«Sigo pensando en…»
Ejemplos:
- «…por qué esa persona hizo lo que hizo.»
- «…qué debería haber dicho en aquella conversación.»
- «…qué pasará si las cosas salen mal.»
- «…si tomé la decisión correcta.»
2. Pregúntate si pensar más puede cambiar algo
Vuelve al pensamiento que acabas de identificar.
Ahora hazte una pregunta:
¿Hay alguna decisión que tomar, información que buscar o acción que realizar?
Si la respuesta es sí, pensar puede ser útil si te lleva a decidir qué hacer.
Si la respuesta es no, seguir pensando no está resolviendo el problema. Solo estás recorriendo mentalmente el mismo camino una y otra vez.
La diferencia es importante:
Pensar sirve cuando conduce a una decisión o una acción.
Rumiar es seguir pensando cuando ya no hay nada nuevo que resolver.
3. Decide qué hacer con ese pensamiento
Ahora ya sabes si existe algo que puedas hacer o si estás intentando resolver mentalmente algo que no puedes resolver.
Si hay una acción posible, concreta cuál es y deja de seguir pensándola:
«Lo que voy a hacer es…»
Puede ser hablar con alguien, buscar una información, tomar una decisión, esperar hasta tener nuevos datos o realizar una acción concreta.
Si no hay ninguna acción posible ahora, también hay una decisión que depende de ti:
dejar de seguir buscando una respuesta que en este momento no existe.
No necesitas conseguir que el pensamiento desaparezca. Puede volver.
Cuando vuelva, recuérdate:
«Esto ya lo he pensado. Si aparece algo que pueda hacer, actuaré. Mientras tanto, no necesito resolverlo otra vez.»
El ejercicio de hoy.
No intentes dejar la mente en blanco ni impedir que el pensamiento vuelva.
Elige una situación concreta a la que estés dando vueltas y utiliza las preguntas del ejercicio para descubrir si hay algo que realmente puedas hacer.
Si lo hay, convierte el pensamiento en una acción concreta.
Si no lo hay, practica algo diferente: reconocer que seguir pensando no te está acercando a ninguna solución.
Cuando el pensamiento vuelva, no necesitas empezar el análisis desde cero.
Ya sabes qué depende de ti. Actúa si puedes. Si no puedes, deja de intentar resolverlo pensando.